El reto que nos lanzó Manifiesto no fue sencillo. Nos pidió continuar con la campaña de La Fundación La Caixa para el programa “Siempre acompañados”.
Tuvimos que mantener el concepto “La soledad no se ve, se siente” y lanzar una nueva acción que sensibilizara a la sociedad respecto a la soledad no deseada de las personas mayores.
Llegamos a la conclusión de que las personas no prestan atención, solo reaccionan cuando lo evidente estalla frente a sus ojos. Así nació la idea: “El rostro de la soledad”. Porque, es solo cuando algo parece romperse, cuando verdaderamente prestamos atención.